Las cosas habían cambiado entre nosotros en cuestión de horas. Hablamos mucho anoche… y nos besamos más y más antes de dormirnos en los brazos del otro. Ahora, éramos más abiertos en hablar de todo, aún era un total idiota. Y si, esa sonrisa arrogante todavía me molestaba.
Pero lo amo
Y el idiota me ama, también.